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La Ley, el Diezmo y las Ofrendas 3 (Las Ofrendas)

Una segunda razón –y quizás la más importante- de por qué no aparece más explícitamente la palabra “diezmo” en el Nuevo Testamento es la siguiente: El diezmo –entendido como la décima parte de un todo- está superado por la gracia de Jesucristo, al igual que todos los mandamientos de la ley.

Rubén Chacón

Por lo tanto, la palabra “diezmo” ya no corresponde con la nueva realidad. Ahora, tendríamos que hablar de “un quinto” o “un cuarto” o “un medio”, etc. Y aun así, no podemos usar un solo término, porque Pablo dijo: “Cada uno dé como propuso en su corazón...” (2Cor. 9:7). En una oportunidad le preguntaron a Watchman Nee: “¿De qué manera un cristiano debe ofrendar?” Él le dijo: “No deberíamos adoptar la manera del Antiguo Testamento pagando los diezmos, sino que deberíamos seguir lo que está dicho en 2 Corintios 9:7, es decir, que cada persona dé conforme a lo que Dios le ordena; puede ser la mitad, o un tercio o una décima o una vigésima parte”. La única parte de la respuesta que no comparto es la referencia a la “vigésima parte” (5%), porque me parece que la gracia en ningún caso debiera producir algo menor que la ley. El diezmo de la ley es ahora el mínimo y no el techo.

Pero ¿Cuál es entonces el término escritural que reemplaza la palabra “diezmo”? Las palabras: Ofrendar y ofrendas. Las ofrendas claramente sustentan –en el Nuevo Testamento- a los apóstoles y a los ancianos, como ya vimos (También se usan para ayudar a los santos). Pablo dijo a los filipenses en el capítulo cuatro.

“En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.

A los corintios por su parte les escribió:
“He despojado a otras iglesias, recibiendo salario para serviros a vosotros.Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia, y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso. (2 Cor. 11:8-9).

En definitiva, los sacerdotes y levitas han dado paso a los apóstoles y ancianos; y el término “diezmos” ha dado lugar a la palabra “ofrendas”. ¿Por qué? Porque la décima parte de un todo es apenas el mínimo y en el nuevo pacto la cantidad está abierta a la acción de la gracia de Dios. Ahora, puede ser un 20%, un 40%, un 80% y como mínimo un 10%
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Pero antes de terminar esta parte, sería conveniente decir algunas palabras tocante al otro uso de las ofrendas en el Nuevo Testamento, esto es, la ayuda para los santos. Si vamos a ser escriturales en nuestra enseñanza y práctica, entonces, debemos reconocer que las ofrendas se usaban tanto para el sostenimiento de obreros y de ancianos, como para ayuda de los santos. En este último caso, las Escrituras que hablan de ello contienen hermosos principios que iluminan más perfectamente la verdad neotestamentaria de dar. Pablo escribiendo a los corintios en su primera carta, dice:

“En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a éstos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén. Y si fuere propio que yo también vaya, irán conmigo.

Esta es claramente una ofrenda para los santos. El principio fundamental que es presentado aquí, es que la ofrenda de cada uno debe ser hecha “según haya prosperado”. Esto ratifica que la gracia supera la ley: La ofrenda es proporcional a la prosperidad recibida. ¡Nótese que se da por sentado que todos prosperan!

En la segunda carta a los corintios, Pablo dedica nada menos que dos capítulos (8-9) a la ofrenda para los santos. En una de sus partes dice:

“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito:
Repartió, dio a los pobres;
Su justicia permanece para siempre.
Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos; asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros. ¡Gracias a Dios por su don inefable!

Al principio fundamental de que “cada uno dé como propuso en su corazón”, Pablo agrega de manera solemne que la cosecha será proporcional a la siembra. También afirma que Dios ama al dador alegre y que es poderoso para prosperarlo a fin de que esté enriquecido en todo, para toda liberalidad.

En resumen:
1) La ofrenda debe ser proporcional a la prosperidad alcanzada.
2) Ofrendar es una siembra.
3) La cosecha es proporcional a la siembra.
4) Dios prosperará al dador alegre.
5) La prosperidad permite ser más generosos todavía. Se desata así un círculo virtuoso.

Amén.

Para comentarios y dudas, sobre los temas no dudes en escribirme a:rchaconv@gmail.com

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Rubén Chacón es pastor de Las Asambleas de Dios. Lleva más de 30 años predicando y enseñando la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, que incluyen El Primer Amor, El Ministerio Quíntuple y otros títulos. Rubén tiene seis hijos y residen en la ciudad de Santiago, Chile. © Rubén Chacón 2009 - Usado con Permiso.


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